Obedecer las leyes

Estamos, otra vez, de vuelta a Sócrates, y a su muerte.

El juicio terminó hace ya unos días, la sentencia tiene que posponerse, el maestro permanece encarcelado en espera de su cumplimiento. Pero algunos discípulos no se resignan al fatal desenlace y han realizado el último intento: de la mano de Critón han planificado un plan de huida, y es el mismo Critón el que ha ido a exponérselo al maestro tratando asimismo de convencerlo para que lo siga y ponga su vida a salvo.



Y no es poco el esfuerzo que éste ha hecho en ese intento. Conociendo a Sócrates como debe conocerlo, sabe que solo a través de la reflexión y la argumentación será capaz de persuadirlo.




Sin embargo, ese enorme esfuerzo ha sido finalmente en vano. Sócrates ha rechazado el plan de huida, ha rechazado salvar su vida al precio de incumplir la sentencia, de incumplir las leyes.




En la justificación de su actitud, ha hecho venir a las Leyes, con las que ha mantenido este memorable diálogo:




Si cuando nosotros estemos a punto de escapar de aquí, o como haya que llamar a esto, vinieran las leyes y el común de la ciudad y, colocándose delante, nos dijeran: «Dime, Sócrates, ¿qué tienes intención de hacer? ¿No es cierto que, por medio de esta acción que intentas, tienes el propósito, en lo que de ti depende, de destruirnos a nosotras y a toda la ciudad? ¿Te parece a ti que puede aún existir sin arruinarse la ciudad en la que los juicios que se producen no tienen efecto alguno, sino que son invalidados por particulares y quedan anulados?» ¿Qué vamos a responder, Critón, a estas preguntas y a otras semejantes? ¿Acaso les diremos: «La ciudad ha obrado injustamente con nosotros y no ha llevado el juicio rectamente»? ¿Les vamos a decir eso?
CRIT. - Sí, por Zeus, Sócrates.
SÓC .- Pero entonces ellas dirían: “Tenemos grandes pruebas, Sócrates, de que nosotras y la ciudad te parecemos bien. En efecto, de ningún modo hubieras permanecido en la ciudad más destacadamente que todos los otros ciudadanos, si ésta no te hubiera agradado especialmente, sin que hayas salido nunca de ella. Aún más, te hubiera sido posible, durante el proceso mismo, proponer para ti el destierro, si lo hubieras querido, y hacer entonces, con el consentimiento de la ciudad, lo que ahora intentas hacer contra su voluntad. Entonces tú te jactabas de que no te irritarías, si tenías que morir, y elegías, según decías, la muerte antes que el destierro. En cambio, ahora, ni respetas aquellas palabras ni te cuidas de nosotras, las leyes, intentando destruirnos; obras como obraría el más vil esclavo intentando escaparte en contra de los pactos y acuerdos con arreglo a los cuales conviniste con nosotras que vivirías como ciudadano”.¿Qué vamos a decir a esto, Critón? ¿No es cierto que estamos de acuerdo?
CRIT. - Necesariamente, Sócrates.
SÓC. – “¿No es cierto -dirían ellas- que violas los pactos y los acuerdos con nosotras? Hasta tal punto a ti más especialmente que a los demás atenienses, te agradaba la ciudad y evidentemente nosotras, las leyes. ¿Pues a quién le agradaría una ciudad sin leyes? ¿Ahora no vas a permanecer fiel a los acuerdos? Sí permanecerás, si nos haces caso, Sócrates, y no caerás en ridículo saliendo de la ciudad.
Si tú violas estos acuerdos y faltas en algo, examina qué beneficio te harás a ti mismo y a tus amigos.. Tú mismo, en primer lugar, si vas a una de las ciudades próximas, Tebas o Megara, pues ambas tienen buenas leyes, llegarás como enemigo de su sistema político y todos los que se preocupan de sus ciudades te mirarán con suspicacia considerándote destructor de las leyes; confirmarás para tus jueces la opinión de que se ha sentenciado rectamente el proceso. En efecto, el que es destructor de las leyes, parecería fácilmente que es también corruptor de jóvenes y de gentes de poco espíritu. ¿Acaso vas a evitar las ciudades con buenas leyes y los hombres más honrados? ¿Y si haces eso, te valdrá la pena vivir? O bien si te diriges a ellos y tienes la desvergüenza de conversar, ¿con qué pensamientos lo harás, Sócrates? ¿Acaso con los mismos que aquí, a saber, que lo más importante para los hombres es la virtud y la justicia, y también la legalidad y las leyes? ¿No crees que parecerá vergonzoso el comportamiento de Sócrates? Hay que creer que sí.
Pues bien, si te vas ahora, te vas condenado injustamente no por nosotras, las leyes, sino por los hombres. Pero si te marchas tan torpemente, devolviendo injusticia por injusticia y daño por daño, violando los acuerdos y los pactos con nosotras y haciendo daño a los que menos conviene, a ti mismo, a tus amigos, a la patria y a nosotras, nos irritaremos contigo mientras vivas, y allí, en el Hades, nuestras hermanas las leyes no te recibirán de buen ánimo, sabiendo que, en la medida de tus fuerzas has intentado destruirnos. Procura que Critón no te persuada más que nosotras a hacer lo que dice.»
Sabe bien, mi querido amigo Critón, que es esto lo que yo creo oír. Sabe que esto es lo que yo pienso ahora y que, si hablas en contra de esto, hablarás en vano.




PLATÓN, Critón








Si quieres más, ...


recuerda que tenemos una PREGUNTA que surge de ahí


pero también puedes acceder al diálogo entre Critón y Sócrates, en el que aquél defiende la huida del maestro, y éste lo rechaza. En PARA SABER aún MÁS, lo tienes


o aquí, en este enlace, puedes llegar a la obra completa de Platón: