No es la anterior la única referencia a Sócrates que encontramos en la enorme e imprescindible obra de FORGES.
Ahí va otra muestra.
Una buena introducción
El canal sudamericano EDUCATINA ofrece este vídeo que puede servir muy bien como introducción a ARISTÓTELES.
Ahí va; ¡que lo disfruten!
Ahí va; ¡que lo disfruten!
Testamento
Haya salud; pero por si algo
sucediese, dispone Aristóteles en esta forma: ser ejecutor de todo y siempre
Antípatro; y hasta que Nicanor se halle en estado de administrar mis bienes,
serán curadores Aristómenes, Timarco, Hiparco, Dióteles y Teofrasto (si le
pareciere bien y conveniente el serlo) y de mis hijos, de Herpilis y de todo lo
restante. Cuando la muchacha sea casadera, se dará a Nicanor en matrimonio; y
si muriese (lo que no suceda) antes de casarse, o bien después de casada, sin
tener hijos, Nicanor será dueño de administrar, no sólo por lo que mira a mi
hijo, sino también las demás cosas, ejecutándolo con la dignidad
correspondiente a él y a mí. Cuidará también Nicanor de la muchacha y del niño
Nicómaco, de modo que nada les falte, siéndoles como padre y hermano. Si a
Nicanor aconteciese el morir (lo que no suceda) antes de recibir en mujer a la
muchacha, o bien después de recibida antes de tener hijos, según él dispusiere,
así se cumpla. Si Teofrasto quisiese estar con la muchacha, hágase todo como en
Nicanor; pero si no, los curadores se aconsejaran con Antípatro, y dispondrán
de la muchacha y muchacho según mejor les pareciere. Cuidarán, pues, mis
curadores y Nicanor de tenerme en memoria a mí y a Herpilis, puesto que fue muy
diligente para conmigo y demás cosas mías. Si quisiese casarse nuevamente, no
sea con hombre desigual a mí; y se le dará de mis bienes, sobre lo ya dado, un
talento de plata, tres criadas si las quisiere, la esclava que tiene y el niño
Pirreo. También si quisiera vivir en Calcis, sea suya la hospedería que está
junto al huerto; pero si en Estagira, la casa paterna. Cualquiera de estas dos
habitaciones que elija, cuidarán mis ejecutores de amueblársela del modo que
les parezca decente y bastante a Herpilis. Cuidará también Nicanor de que el
muchacho Mirmeco sea devuelto a los suyos con la decencia a mí correspondiente,
junto con el equipaje de él que recibí. Ambracis quede libre, y cuando se case
se le den 500 dracmas y la esclava que tiene. También quiero se den a Tale,
además de la esclava que tiene comparada, 1000 dracmas. Igualmente a Simo,
además del primer dinero dado para comprar un muchacho, se le compre otro, o se
le dé el dinero. Tacon será libre cuando case mi muchacha, como también Filón,
y Olímpico con su hijito. Ningún niño de mis esclavos será vendido, sino que de
ellos deberán servirse mis herederos, y en siendo adultos se les dará libertad
según convenga. Cuidarán también de las imágenes mandadas esculpir a Grilón, y
cuando estén concluidas se colocarán; como igualmente la de Nicanor, la de
Proxeno que pensaba regalarle, y la de la madre de Nicanor. La de Arimnesto,
que ya está hecha, se colocará para que les sirva de monumento, puesto que ha
muerto sin hijos. La Ceres de mi madre será colocada en el Nemeo, o bien donde
le pareciere. Cuando se construya mi sepulcro, se depositarán en él los huesos
de Pythia, como ella ordenó. Pondránse también en Estagira los animales de
piedra, altos cuatro codos, que ofrecí por voto a Júpiter conservador y a
Minerva conservatriz".
DIÓGENES LAERCIO, Vidas de filósofos ilustres,
DESCARTES: PONER EL MUNDO EN PIE
En la educación, la filosofía es esencial porque es la
historia de lo que somos
Los proemios son
declaraciones de intenciones y tenemos por cierto que siempre son buenas. El de
la ley de Educación también. Cuenta que el aprendizaje “va dirigido a formar
personas autónomas, críticas con pensamiento propio”. No añade “que no sepan
quién es Platón, Descartes ni Kant”, pongamos por caso. Eso que no dice, sin
embargo es lo que sucedería si el asunto no se arregla. Y bien, pudiera bien
ocurrir que alguien se preguntara por qué hay que saberse esos nombres. La
razón es elemental: sucede que son nuestros primeros maestros en eso de ser
personas autónomas, etc, etc. Escribimos con sus palabras y pensamos con los esquemas
de que nos proveyeron.
El pensamiento es la
energía más sutil y necesaria de cuantas existen. Una cosa hay que decir
además, es una energía cara. Para producir personas capaces de generarla
necesitamos todo el completo sistema educativo, que cuesta mucho, y una
sociedad que, con confianza, lo pague. En esos largos años en que nos educamos
aprendemos una larga cantidad de cosas que tienen de suyo el ser inútiles. Las
ciencias no son inmediatamente útiles, aunque puedan tener muy buenos
resultados. Quienes las cultivan lo hacen porque les gusta. Aristóteles fue el
primero que sepamos que se paró a pensar qué hacia diferente a las habilidades
de los saberes. Había gente habilidosa que sabía hacer cosas, edificios,
muebles .. y otra que sabía quedarse con la idea. Los primeros solían ser
buenos albañiles y los segundos eran algo más. Aquellos griegos, como que
estaban edificando mucho y bien, tenían afición a ejemplificar con los
arquitectos.
Volvamos a los que
sabían ese “algo más”. Estaba claro que no era útil el “algo más”. La utilidad
quedaba para hacer las cosas, pero pensarlas exigía un cierto talento y
entrenamiento en dejar vagar el pensamiento en libertad. Sigo con Aristóteles
porque lo tenía muy claro. Las teorías, las ciencias, son hijas del ocio, de la
falta de presión, del haber superado el diario buscarse la vida. Así lo cuenta
en la Metafísica. “Las teorías se desarrollaron allí donde primero
pudieron los hombres tener ocio, vagar; por eso las matemáticas aparecieron en
Egipto donde tenía ocio la gente sacerdotal”. El verbo que emplea para decir
“vagar o no trabajar con las manos” es esjolaso, una palabra
interesante porque de ella sacaron los romanos schola y nosotros
“escuela”. Si no hay tiempo de libertad no hay matemáticas, ni teoría alguna.
Es cosa sabida que el
mundo antiguo, que nos enseñó a vivir, porque seguimos siendo un remedo y
herencia del Imperio Romano, no tenía universidades. Había Maestros afamados
que abrieron escuelas donde se recibían las gentes de condición aristocrática y
futuros gobernantes. La de Posidonio en Rodas llegó a ser la mejor. Pero no
había enseñanzas regladas, exámenes ni títulos. Simplemente un alguien que
fuera a tener un gran papel en el mundo debía, imperiosamente, haber pasado una
parte de su vida practicando ese verbo que Aristóteles escribe, vagando,
haciendo un acúmulo de teoría, lo que significa de conocimientos y por ende
debates no inmediatamente útiles. Ya sabría esa persona sacarles utilidad
cuando, madura, tuviera ocasión para ello.
Bien pensado, aquí
seguimos esa estela: durante nuestra primera y media formación aprendemos una
larga serie de cosas que probablemente usemos muy pocas veces. Nociones de casi
todo, de las dichas matemáticas, de gramática, de geografía, de física, de
historia, de cristalografía o de prehistoria.. que no usaremos probablemente
nunca. Pero nos gusta saber que se quedan ahí, porque son además como escalones
que nos permitirán acceder después a otros saberes más complejos. Nos vamos
entrenando, por así decir.
De entre esas cosas
algunas son extrañas y la filosofía la más extraña. Porque es un saber del que
muchas sociedades han prescindido. Para hacernos clara cuenta de su profundidad
debemos estudiar detenidamente su historia, que es fascinante. Nace con Grecia
y nos acompaña desde entonces, cambiando y modulándose sin descanso, con unas
teorías subiendo sobre otras hasta componer un edificio asombroso al que
conocemos por el nombre de pensamiento. Porque no es cierto que la filosofía
enseñe a pensar. A pensar nos entrena, pero nos enseña sobre todo, lo pensado,
lo que ha sido pensado y su porqué. En un enorme flujo de ideas y
argumentaciones que, en volandas, nos ha traído hasta nuestro presente. En
realidad navegamos sobre él. En la cabeza de cualquier persona culta bullen
pensamientos que alguna vez se sumaron a ese río enorme. Los tomamos por
nuestros, y lo son, pero nos los proporcionaron quienes nos precedieron. Todos
estos pensamientos están, además, vivos, y mantienen entre ellos los amores y
aversiones con que salieron de sus primeras fábricas. Disputan.
A veces lo peculiar
de nuestra tradición nos sorprende: parece un enorme e insensato derroche de
inteligencia. Pero luego nos damos cuenta de que, con toda esa masa, hemos
hecho cosas. No son solamente ideas, sino instituciones, comportamientos,
reglas y costumbres. Parte de nuestra política se la debemos a Locke, de
nuestro sentido del humor a Voltaire, de nuestra manera de tratar a los demás a
Kant, de lo que entendemos por vivir bien a Epicuro. Eso nos sucede porque ese
saber está intrínsecamente vinculado a lo que somos, nos ha moldeado en realidad.
Para confesarlo todo, hay que decir que somos la primera humanidad producto de
un diseño del cual las ideas filosóficas fueron las principales autoras. Somos
una “humanidad pensada”, el resultado de la imaginación ética y política de
quienes dieron el gran salto que nos separó del mero sucederse natural. Nuestra
concepción se realizó en las poderosas mentes que dieron camino a la
Modernidad. Y sabemos lo que es la Modernidad porque nos hemos hecho cargo de
ese enorme monto reflexivo en que consistimos.
La historia de las
ideas, la historia de la filosofía, es la historia de lo que somos y de por qué
lo somos. Está todo ahí. De Spinoza a Darwin; de Hegel a Freud. De Tocqueville
a Beauvoir. En el pensamiento casi ningún camino es imposible. La filosofía no
sólo forma parte del núcleo duro de las Humanidades, sino que es la raíz misma
de aquello en que nuestra civilización consiste. Su historia es nuestra
historia. Cuando nos narramos, cuando queremos saber y decir quiénes somos,
debemos invocarnos como progenie de Sócrates, de Platón, de Hume, de
Montesquieu, en fin, de cuantas innovaciones conceptuales, institucionales y
morales nos han traído al momento presente.
Por esa persistente
peculiaridad, la filosofía y su historia forman parte del saber de una persona
que haya recibido un cierto monto de educación, como lo vemos aquí y en nuestro
entorno. No siempre las entendemos al completo, pero sabemos que nos hablan de
asuntos profundos que debemos guardar y transmitir. Venimos de ahí; somos lo
que somos por ese origen. No somos súbditos ni adoradores, aunque obedezcamos y
quizás oremos, sino gentes de las ideas. Ellas son nuestros muros firmes.
Descartes nos puso de pie. Y así, como nos puso, debe ser contemplado el mundo.
Eso lo tenemos que seguir sabiendo y trasmitiendo. Que Descartes no es lo que
sobra cuando queremos prescindir utilitariamente de algo, sino el filósofo que,
fiado solo en la razón, nos puso en el mundo de pie.
Y no puede llega a
ocurrir que ante la mención de su nombre, u otro cualquiera de los grandes
nombres de esa espléndida historia, alguien rezongue o responda “¿Quién?...
¿mande?”.
A. VALCÁRCEL, EL
PAIS, 7/VI/2013
Lo que arrastra el viento. VERANO (ya historia; solo en el recuerdo, cada vez más difuso)
OBRAS MAESTRAS.
Imprescindibles.
Ver mapa más grande
con una duna, viva, en movimiento, cada día más grande, más inaccesible.
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Y el Atlántico; y al fondo, África.
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